Cuando llevamos varios días o semanas sometidos a estrés, es habitual notar que el cuerpo empieza a pasar factura. Dormimos peor, estamos más cansados y, en muchos casos, aparecen molestias que antes no teníamos. La espalda es una de las zonas donde más fácilmente podemos notar esta tensión acumulada.
El estrés puede contribuir a que aparezca o empeore el dolor, aunque no significa que todo dolor de espalda tenga un origen emocional. El dolor es una experiencia compleja en la que intervienen factores físicos, psicológicos y sociales, y el estrés puede modificar la forma en la que nuestro organismo responde a él.
Además, cuando estamos estresados solemos cambiar nuestros hábitos sin darnos cuenta: nos movemos menos, pasamos más tiempo sentados, apretamos los músculos o descansamos peor. La combinación de todos estos factores puede terminar aumentando las molestias.
Cuando el dolor de espalda se mantiene en el tiempo o aparece de forma recurrente, consultar con un fisioterapeuta en Alcalá de Henares puede ayudar a valorar tanto los factores físicos como otros aspectos que pueden estar influyendo en las molestias.
¿Cuál es la conexión entre el estrés y el dolor de espalda?
En momentos de estrés se produce un aumento de la activación del sistema nervioso, lo que puede provocar que determinados grupos musculares permanezcan más tensos. Esto puede notarse especialmente en el cuello, los hombros y la espalda.
El problema no es que ocurra en un momento puntual, si no cuando se mantiene durante mucho tiempo. Una musculatura que permanece constantemente contraída puede generar sensación de rigidez, cansancio y dolor.
Además, el estrés también afecta al sueño y cuando no dormimos correctamente nuestra tolerancia al dolor puede disminuir.
Por lo tanto, no es que el estrés provoque contracturas y dolores de espalda. Es una combinación de tensión muscular, alteraciones de descanso y cambios en la actividad física.
¿Por qué el estrés puede aumentar la tensión muscular?
Cuando estamos preocupados o concentrados durante mucho tiempo es habitual que acabemos encogiendo los hombros o apretando la mandíbula sin darnos cuenta. Esto es lo que ocurre en la musculatura de la espalda.
En situaciones de estrés es posible que mantengamos la misma postura durante un tiempo o realicemos menos cambios de posición, lo que se acaba traduciendo en una incomodidad para el cuerpo.
¿Cómo distinguir el dolor de espalda por estrés de una lesión física?
No siempre es posible diferenciarlo simplemente por cómo se siente el dolor. De hecho, una persona puede tener una lesión física y, al mismo tiempo, estar atravesando un periodo de estrés que aumente sus síntomas.
Aun así, existen algunas pistas que pueden ayudar.
Cuando el dolor aparece o empeora durante épocas de mayor tensión, coincide con falta de descanso y mejora al realizar actividad física suave o al desconectar, el estrés puede estar desempeñando un papel.
También es habitual que las molestias sean difusas, que cambian de intensidad o que aparezcan junto con sensación general de tensión muscular.
Por el contrario, un dolor que comienza después de un traumatismo, un esfuerzo concreto o un movimiento determinado merece una valoración para descartar una lesión.
En cualquier caso, no se puede diagnosticar el origen del dolor únicamente por sus características. Una valoración profesional permite tener en cuenta todos los factores y evitar atribuir al estrés un problema que necesita otro tipo de tratamiento.
¿Puede el estrés hacer que un dolor de espalda dure más tiempo?
Cuando una persona tiene dolor, es normal que reduzca sus movimientos por miedo a empeorar. Si además está estresada, cansada y duerme mal, puede entrar fácilmente en un círculo difícil de romper.
Menos movimiento puede significar menor fuerza y capacidad física. Esto hace que determinadas actividades resulten más exigentes y puede aumentar la preocupación por el dolor. A su vez, esa preocupación puede llevar a moverse todavía menos.
No significa que el movimiento vaya a solucionar cualquier dolor de espalda. Pero, siempre que no exista una contraindicación, recuperar progresivamente la actividad suele ser una parte importante de la recuperación.
¿Qué papel tiene el ejercicio en el dolor de espalda relacionado con el estrés?
El ejercicio puede ayudar por diferentes vías.
Por un lado, permite mantener y mejorar la fuerza y la capacidad física. Por otro lado, la actividad física regular puede favorecer el descanso y contribuir a reducir el impacto que tiene el estrés sobre el organismo.
No hace falta empezar con entrenamientos intensos. Para una persona que lleva semanas prácticamente sin moverse, caminar, realizar ejercicios sencillos o recuperar poco a poco actividades que había abandonado puede ser un buen punto de partida.
Cuando el dolor de espalda aparece de forma recurrente o empieza a limitar las actividades cotidianas, la fisioterapia traumatológica en Alcalá de Henares puede ayudar a valorar qué factores están influyendo en las molestias. El tratamiento se adapta a cada caso y puede combinar diferentes técnicas de fisioterapia, ejercicio y educación para recuperar progresivamente el movimiento y mejorar la tolerancia a las actividades diarias.
Consejos para reducir el estrés y proteger la espalda
Aunque no podamos eliminar las situaciones que nos generan estrés, podemos intentar que tengan un menor impacto en nuestro cuerpo y nuestra musculatura.
Lo primero es que si pasas muchas horas sentado, intentes levantarte con frecuencia y cambiar de posición. Con levantarte, cambiar un poco o realizar algún movimiento ya estamos favoreciendo que la musculatura no pase tantas horas inmóvil.
Llevar a cabo cierta actividad física de manera regular es beneficioso tanto para la gestión del estrés como para el dolor muscular, pero además evitará que en momentos que sientas dolor abandones el movimiento por completo.
Un descanso adecuado es imprescindible, mantener horarios regulares e intentar desconectar ayuda a mejorar la calidad del sueño.
El estrés influye en el dolor de espalda, pero no es una causa directa para provocar un malestar. El aumento de la tensión muscular, el peor descanso, la reducción de la actividad física y los cambios en la forma de percibir el dolor pueden combinarse y hacer que las molestias aparezcan o se mantengan.
Cuando el dolor persiste o empieza a condicionar la vida diaria, una valoración por parte de un fisioterapeuta permite comprobar qué factores están interviniendo y establecer un tratamiento individualizado. De esta manera, se puede trabajar sobre la espalda sin perder de vista el contexto en el que aparece el dolor.